sábado, 1 de diciembre de 2018

Intuiciones_30

No logré lo que quería, así que ahora busco algo mejor.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Biblioteca de instantáneas_22

“Malta Kanoo abrió de nuevo el cierre del bolso y sacó un sobre blanco. Dentro había una fotografía. Me la entregó. «Es una fotografía de mi hermana pequeña», dijo. En la fotografía en color aparecían dos mujeres. Una era Malta, que también en la foto llevaba sombrero. Un sombrero amarillo de punto. También aquel sombrero desentonaba de manera desafortunada con la indumentaria. La hermana menor —cabía suponer que lo era, por lo que me había dicho— llevaba un traje de color pastel con sombrero a juego, de aquellos que estaban de moda a principios de los sesenta. Si no me equivoco, a esos colores los llamaban entonces «tonos sorbete». «Deben de gustarles mucho los sombreros a ambas», deduje. El peinado era muy parecido al que llevaba la primera dama de EE.UU. de la época, Jacqueline Kennedy. Y podía aventurarse que usaba laca a profusión. Iba muy maquillada, pero debajo se adivinaban unas facciones hermosas. La edad oscilaría entre los veinte y los veinticinco años. Después de mirarla unos instantes, devolví la fotografía a Malta Kanoo. Ella la puso de nuevo dentro del sobre, metió el sobre en el bolso y lo cerró.

—Mi hermana es cinco años menor que yo —explicó Malta Kanoo—. Ha sido ultrajada por el señor Noboru Wataya. Brutalmente violada.".
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo
(fragmento) Haruki Murakami

sábado, 20 de octubre de 2018

di_versos


Nunca he visto atacar naves en llamas
más allá de Orión. Rayos C brillando
tampoco; ni la Puerta de Tannhäuser.
Pero he visto otras cosas increíbles.

He visto el mismo ocaso reflejado
sobre las dos pupilas de tus ojos.
Y dos soles, dormidos en tus párpados,
soñando con los sueños del futuro.

He visto amanecer sobre tus pechos
fundidos con las dunas del desierto.
Y reventar los púrpuras y negros
más oscuros, en luz de la mañana.

He visto desangrarse los azules
en la sombra salvaje de una bestia,
mitad miedo y mitad pasión ardiendo.
Las únicas esencias que engendramos.

Y hoy veo caer, en el abismo
profundo de una sima, la belleza
y el dolor compartidos. Los silencios.
Y una lluvia de estrellas apagadas.

Pronto, cuando se borre mi memoria,
todos esos momentos morirán
en el Tiempo.
              De un modo irremediable.

Lágrimas en la lluvia.
                       Disueltas en la nada.


sábado, 29 de septiembre de 2018

Intuiciones_29

Por su excesiva carga semántica, no me gustan las palabras que suelen usarse para denominar al responsable de obras como las que yo hago en el ámbito creativo. Desearía que ”hacedor” fuese un término mucho más corriente en nuestros vocabularios, pero no lo es. Así que me quedo con “autor”, que es muy sencilla —casi modesta, hoy día— y no se identifica con ninguna disciplina concreta.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Textos "breves como fotos"_48

Mucha gente piensa que es un inmoral. Que su comportamiento es execrable. Él, por su parte, comprende y acepta esa forma de pensar mientras la presión ejercida no le afecte demasiado... mientras la hipocresía reinante le deje vivir su vida. Cierto nihilismo le resulta atractivo, pero conserva unas pocas reglas que cumple rigurosamente. Y, cuando son violadas, se resiente del daño infligido como un ser muy sensible a pesar de su corteza.

sábado, 18 de agosto de 2018

Biblioteca de instantáneas_21

“Aquel atardecer escuchábamos la radio y la noche nos cayó encima de improviso. Entramos en casa de Gino. Las paredes del salón eran una auténtica galería de retratos de animales. Su padre era un apasionado de la fotografía. Los fines de semana partía, sombrero-camiseta-bermudas-sandalias-calcetines, hacia el parque nacional de Ruvubu de safari fotográfico. Después revelaba los negativos encerrado en su cuarto de baño. La casa apestaba a consulta de dentista; las emanaciones de los productos químicos que utilizaba en su laboratorio fotográfico se mezclaban con el agua de colonia con la que el hombre se rociaba en abundancia. Su padre era un espectro. Nunca se lo veía, pero uno adivinaba su presencia gracias a aquel olor a letrinas con lejía que tenía pegado a la piel y por el ruido de la máquina de escribir en la que llevaba una vida aporreando sus clases y sus libros políticos. Al padre de Gino le gustaban el orden y la limpieza".
Pequeño país
(fragmento) Gaël Faye

sábado, 28 de julio de 2018

di_versos


Todos los agujeros de esta noche
tan oscura, sin luna ni luceros,
se han abierto de golpe a los recuerdos.
Hasta que vence el negro y los despoja
del manto de colores que tenían.

Un miedo, desprendido del futuro,
empapa mi pasado y lo emborrona
con preguntas. Harapos, desflecados
por un viento tenaz, los estandartes
de otro tiempo. Banderas derrotadas
por la brutal rutina y la costumbre.

Acartonados, tiemblan los embozos
de las sábanas gélidas. Mortajas
de un cuerpo inhabitable. Sin paredes,
la habitación vacía se derrama
sobre el suelo vacío de la nada,
sin que remita el ansia de tenerte.

El negro de la noche, como un magma,
esparce por mis huecos su secreto
lacerante. Colmado de dolor,
me desgarro en un trueno amordazado
e invisible que nadie escuchará.

Que solo podrá verse,
                      escrito aquí.


sábado, 7 de julio de 2018

Intuiciones_28

La metáfora del cuaderno, como espacio inabarcable y vacío que hay que habitar, empieza a estar un poco gastada cuando quizás haya más en blanco que usados. Todos los que se encuentran abandonados en oscuros cajones deberían lucir sus lomos hinchados, junto a los otros recuerdos queridos.

sábado, 16 de junio de 2018

Pequeños relatos (del día a día)


Está tan orgullosa de su nuevo emplazamiento que quiere hacer un rápido recuento, mientras toma algo de aire para reducir las pulsaciones. No es capaz de recordar cuántos ciclos de sol lleva superándose a sí misma. Más de cien ciclos de luna. Seguramente ocho ciclos de calor y sequía; sin contar el que ya está a punto de empezar, que será el noveno. Mucho tiempo sin duda. Quizás demasiado para su juventud. Pero ahora GFS está aquí –satisfecha, orgullosa–, sentada en lo más alto del acantilado y pensando en sus cosas con todas las capacidades de su cerebro, aún más excitado que de costumbre por la propia adrenalina del esfuerzo.

La vía piramidal –en la parte posterior de su lóbulo frontal–, que ha transmitido cada uno de los estímulos necesarios para llevar su cuerpo hasta este punto, ha dejado de canalizar impulsos atropellados a sus músculos. Y estos empiezan a relajarse aunque aparenten vida propia todavía.
En las redes neuronales de su hemisferio derecho se moldea el deseo de un nuevo trabajo, excitadas por el apetito de cambio que brota de otras situadas en el izquierdo. Su curiosidad se aburre, aunque no hace mucho rebosaba entusiasmo de principiante. Piensa en sus padres, a los que debería ir diciendo “hasta pronto” para establecerse definitivamente fuera de ese hogar al que tanto apego tiene. Y en su pareja, con quien aún debe encajar algunas de las aristas más resistentes para enterrar ciertos olvidos recientes. Y en algunas amistades también, queridas y cercanas a pesar de lo celosa de su espacio que siempre se muestra.

En ese mismo instante, el cortex sensorial procesa toda la información enviada por su sentido del tacto. Destacando el cosquilleo de los millones de granos de arena adheridos a su cuerpo, que comienzan a despegarse acariciando levemente su piel tostada y sedosa. El lóbulo occipital gestiona la luz anaranjada, cada vez más rojiza, desprendida por el ocaso de un sol cansado, que parece haberse detenido solo para que ella pueda seguir disfrutando, antes de convertirlo en un viejo registro visual guardado en algún rincón perdido de su memoria. Esa que a la vez confronta todas las melodías –lejanas y desconocidas, combinadas por el eco en sus oídos– para evocar el más bello cántico de sus antepasados.

Disfruta los olores y sabores de la cálida brisa, consumiendo ávidamente esa humedad salada de la que no puede prescindir. Los aromas misteriosos del bosque –a su espalda–, mezclados con los más familiares que lanza el mar sobre la orilla, se comparan con los registros ya archivados en alguna parte del hipocampo, dando paso a diversas sensaciones cruzadas de placer y curiosidad que destruyen cualquier indicio de rechazo.

Y mientras tanto, en alguna zona aún más recóndita de su cerebro, sueña.


Abrazada a sus pechos para protegerlos de la sequedad. Con los ojos entornados, para concentrarse y no perderse todo lo que está sucediendo a la vez, deja volar su imaginación y combina todo lo que ya lleva visto –en sus pocos ciclos de vida– con aquello que sus miedos y deseos quieren aportar. Dividida entre dos mundos tan opuestos, que los sueños unen, fantasea con profundidades marinas inalcanzables y confines muy lejanos de la tierra ignota.


Hasta que se siente atrapada en su propio cuerpo. Como siempre.


Entonces, GFS hace vibrar su cola para limpiar de arena sus escamas. Y se dispone el ánimo para volver al agua.

sábado, 26 de mayo de 2018

di_versos


Detrás de "sin embargo, es indeleble"
-en la página ciento uno de un libro
de Roberto Bolaño- me sorprende
un antiguo retrato, como el eco
lejano. Como luz amortiguada
de una estrella distante.

Caracteres y símbolos impresos
que leo por debajo del silencio.
Lugares y paisajes superpuestos
en los bordes vacíos del papel.
Figuras invisibles, estampadas
en penumbras de sueño.

Y tu fotografía, de repente,
con el tono amarillo de un recuerdo
olvidado. Color en blanco y negro.
Síntesis de memorias compartidas
o el rastro solitario de un naufragio,
varado entre rompientes.

Instantáneo registro
            para siempre imborrable.


sábado, 5 de mayo de 2018

Biblioteca de instantáneas_20

“La última carta que ella le escribió fue firme y estoica, y cierta visión de sí misma como heroína de la tragedia del amor la acompañó por todo el país mientras acarreaba las maletas con los modelos de muestra escaleras arriba y abajo de los pequeños hoteles y hablaba de los estilos de París y decía que sus sombreros eran fascinantes y bebía un solitario vaso de vino. Pero si hubiera tenido a alguien a quien contárselo, se hubiera reído sólo de pensarlo. Hubiera dicho que el amor era una trampa, una ilusión, y eso era lo que creía. Pero ante la perspectiva seguía sintiendo un silenciamiento, una conmoción de los nervios, un doblegamiento del juicio, una absoluta postración.

Se hizo una fotografía. Sabía cómo quería que fuese. Le hubiera gustado ponerse una sencilla blusa blanca, una blusa fruncida de campesina con el cordón abierto en el cuello. No tenía una prenda de tales características y en realidad sólo la había visto en fotografía. Y también le hubiera gustado dejarse el pelo suelto; o si tenía que recogérselo, le hubiera gustado hacerse un moño rodeado de sartas de perlas.


En lugar de eso, se puso su blusa de seda azul y se recogió el pelo como de costumbre. Pensó que en la fotografía parecía muy pálida, con los ojos hundidos. Tenía una expresión más severa y fatídica de lo que hubiera deseado. De todos modos, la envió".
Secreto a voces. Entusiasmo
(fragmento) Alice Munro

sábado, 14 de abril de 2018

Textos "breves como fotos"_47

Ella dejó abandonado, en algún lugar de esa red que ahora nos envuelve, un libro con su pequeño mensaje: “oscilo entre dos orillas, mi alma tiene esa enfermedad”. Lo miré como una huella y, por debajo del silencio y de la oscuridad, me pareció escuchar un sonido lejano que no supe reconocer al principio. Instrumentos de percusión y un torrente de palabras igualmente percutidas, tan atractivas como incomprensibles, que concentraron toda mi atención por unos días. Y que —ahora, cuando escribo— se acoplan al sonido de mi pluma en la hoja de papel. Corren, saltan y bailan junto a ella. Susurran y gritan miedos y deseos universales. Me empujan y me abrazan, como suele ocurrir en los delirios insomnes.

sábado, 24 de marzo de 2018

Intuiciones_27

No comprendo el paso del tiempo pero lo observo como se miran las nubes pasar. Intentando descubrir todas esas formas secretas que se esconden tras su abstracta apariencia.

sábado, 3 de marzo de 2018

Biblioteca de instantáneas_19

“o quizá absorbiéndose en sus secretos repentinamente, los secretos guardados y los padecidos, es decir, los que conocían y no conocían. Y era entonces a veces, al levantar la cabeza para hacer caso a la mecánica música o a un silbido que se repetía y venía avanzando por la calle entera, cuando su vista caía sobre los retratos de los ausentes, media vida echando vistazos a fotografías o cuadros siempre enigmáticos con ojos inmóviles o sonrisa boba, y otra vida más, o media, la del otro, el hijo, o la hermana, el viudo, recibiendo esos mismos vistazos bobos e inmóviles en la fotografía que no siempre el que mira recuerda cuándo nos hicieron: mi abuela echando vistazos a su hija muerta y mi madre a su hermana muerta, y sustituida; mi padre y yo mirándola a ella y yo me voy preparando para mirarle a él, Ranz, mi padre; y mi querida Luisa, recién casada en el salón de al lado, sin saber que las fotos que hoy nos han hecho serán un día objeto de sus vistazos, cuando ya no tenga por delante ni siquiera su media vida y la mía esté acabada. Pero nadie sabe el orden de los muertos ni el de los vivos a quiénes les tocará primero la pena o primero el miedo".
Corazón tan blanco
(fragmento) Javier Marías

sábado, 10 de febrero de 2018

Intuiciones_26

Ya he sido varios en el pasado —como nos pasa a todos— y creo haber sido muchos más en mi imaginación. Quizás aún pueda ser otros en el futuro, pero mi mayor deseo sigue siendo ser varios en el momento presente.

sábado, 20 de enero de 2018

di_versos


Sopla el viento tu boca y tus pestañas
sin dejar de volar.
                     Pero se queda,
aunque no seas valle ni montaña,
ni bosque, ni laguna, ni cañón.

Atado a tu mirada. En el perfume
claro de tus mejillas. Seducido
por el canto doliente que murmura
su soplo en tu interior. Se queda y llora
ese leve rocío que no calma.

Como el negro en la noche abrazadora,
lo mismo que la tinta en el papel
o la rama en el tronco enraizado.
Igual que tu dolor en su cobijo
y el frío en el invierno de mis sueños.

En ti se queda.
                Como me quedo yo
cuando solo me queda tu recuerdo.


sábado, 30 de diciembre de 2017

Glosario_12

Diletante
Aunque en la actualidad predomine su acepción negativa asociada al conocimiento frívolo y superficial del arte, en principio fue un término de origen italiano –dilettante, participio de dilettare (deleitar)– que designaba a las personas dedicadas a la actividad artística por placer, con criterio y discernimiento pero sin fines comerciales. En el Renacimiento se consideraba una cualidad positiva (con exigencias técnicas) que debían poseer las personas cultas para relacionarse y disfrutar con el arte. Bien diferenciada de esa otra afición contemplativa, propia del connaisseur, limitada al análisis, interpretación y opinión, sin compromiso con la ejecución, tal y como hoy quizás podría ejercerla un crítico de arte.
En el Romanticismo, Goethe desarrolló importantes reflexiones al respecto, llegando a distinguir entre aficionado vulgar, auténtico aficionado y artista. En general, fue muy crítico con el desconocimiento de las técnicas y los problemas específicos del trabajo artístico que suelen mostrar la mayor parte de los aficionados, aunque se consideraba uno ellos. Admiraba profundamente la capacidad del artista para tomar a la naturaleza por modelo, mientras que el diletante solo parece encontrar sus estímulos en las propias obras de arte. Esta posición, asumida con inferioridad respecto del verdadero artista, quizás haya colaborado al giro peyorativo adoptado por el término, pero lo cierto es que Goethe, a la vez, ya reconocía en esa actitud la más adecuada para el disfrute del arte. La más capacitada para un discernimiento personal –ejercido sin temores ni frivolidades– que se compromete con su propia síntesis ético-estética y se distancia tanto de los prejuicios dominantes como de las actitudes pretenciosas.
“El diletante apuesta por su propio criterio frente a la tiranía del mercado socioeconómico, profesional o de estatus, pero también contra el imperio de la seriedad y el supuesto rigor que muchas veces diseccionan y matan al objeto de su afán. Sabe que necesita educarse para lograr mayor placer en su actividad, la que fuere, y por eso descarta el mero capricho, aunque sin aceptar la solemnidad de quien dice prescindir de los propios condicionantes biográficos, históricos o afectivos. Ejerce la tolerancia genuina y el eclecticismo, receptivo a la pluralidad y al cambio interno o externo, abierto a la verdad que pueda hallar en el camino, pues tan sólo la trata desde una posición más modesta a la par que orgullosa. No es un dandi que exagere las poses, sino alguien que ensaya sin descanso, es decir, que decanta y aquilata las cosas mediante el alambique de un juicio siempre en marcha; como tampoco es un cínico que esté de vuelta en la búsqueda ética de la lucidez”.
Luciano Espinosa (2015. Elogio del diletante, o la alegría de las cosas finitas)

sábado, 9 de diciembre de 2017

Intuiciones_25

El dibujo -básicamente- quizás solo sea una manera sencilla de imprimir imágenes. La más antigua sin duda. Lo interesante es crearlas.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Textos "breves como fotos"_46

Con la mirada paralizada, ajeno al tiempo que se desliza entre los granos de arena y nuestros cuerpos desnudos en la playa, la leve tonalidad del aire que se ha posado en tus mejillas me tiene absorto en este atardecer tan raro. Bello, pero tan vacío como los ocasos de aquellas postales que compramos y que jamás fueron escritas.

sábado, 28 de octubre de 2017

Biblioteca de instantáneas_18

“el señor Hubber estaba citado a las siete para hacerles la fotografía que iban a mandar aquel año en las felicitaciones de Navidad. Julia había sacado el traje azul de Francis y una corbata con algo de color, porque la fotografía no sería ya en blanco y negro. Julia estaba muy alegre ante la idea de hacerse una fotografía para la Navidad. Era el tipo de ritual que le gustaba.

Francis subió al piso de arriba a cambiarse de ropa. Estaba cansado después de un día de trabajo y cansado de desear, y sentarse en el borde de la cama sirvió para hacer aún más intensa su fatiga. Pensó en Anne Murchison, y lo dominó por completo la necesidad física de Julia. Fue al escritorio de su mujer, cogió una cuartilla y empezó a escribir: «Querida Anne: te quiero, te quiero...» Nadie vería la carta y no se contuvo en absoluto. Utilizó frases como «celestial felicidad» y «nido de amor». Se le llenó la boca de saliva, suspiró, y tembló. Cuando Julia lo llamó para que bajara, el abismo entre sus fantasías y el mundo práctico era tan profundo que sintió cómo le afectaba a los músculos del corazón.

Julia y los niños estaban en el zaguán, y el fotógrafo y su ayudante habían instalado dos grupos de focos para mostrar adecuadamente a la familia y la belleza arquitectónica de la entrada de su casa. Las personas que habían vuelto a Shady Hill en un tren tardío disminuyeron la velocidad de sus coches para ver cómo fotografiaban a los Weed para su felicitación de Navidad".
El marido rural
(fragmento) John Cheever

sábado, 7 de octubre de 2017

di_versos


Suena el murmullo turbio de la luz
al encenderse el día lentamente.
Los cárdenos crujidos de la piel
que la noche se arranca al deslizarse
en pos de otra mañana inevitable.

Agujeros de luz en las persianas,
sombras en las paredes y pisadas
sobre el techo. Distantes y cansadas,
nativas de un país desconocido
habitado por nómadas y sueños.

Y mientras, se desangra la aurora,
tan fugaz, en silencios azulados
y violetas, granates y amarillos.


sábado, 16 de septiembre de 2017

Intuiciones_24

Somos niños. Quizás nunca dejamos de serlo y lo que nos pasa es todo aquello que puede ocurrirle a un niño o a una niña con el paso de los años.

sábado, 26 de agosto de 2017

Intuiciones_23

Ya sé -desde hace mucho tiempo- que todas las fotografías engañan. No necesito más mentiras para recordarlo, porque podría olvidar que algunas fingen ser tan auténticas como un poema, tan reales como un cuento o tan verosímiles como mi propia memoria. Es lo que siempre he creído ver en aquellas que me emocionan, me seducen o me persuaden.

sábado, 5 de agosto de 2017

Biblioteca de instantáneas_17

“Siempre me ha desagradado que me fotografíen, pero me desagradaba enormemente que lo hiciera Anna. Resulta extraño decirlo, lo sé, pero cuando ella estaba detrás de la cámara era una persona ciega, algo moría en sus ojos, se extinguía una luz esencial. Parecía no mirar a través de la lente, a su objeto, sino escrutar su interior, mirar hacia adentro, en busca de alguna perspectiva definitoria, un punto de vista esencial. Sujetaba firmemente la cámara a nivel del ojo, asomaba a un lado su cabeza de ave de presa y se quedaba mirando un segundo, sin ver, posiblemente, como si tus rasgos estuvieran escritos en una especie de braille y ella fuera capaz de leerlo a distancia; cuando apretaba el disparador parecía que eso era lo menos importante, nada más que un gesto para aplacar a la máquina. En nuestros primeros días juntos fui lo bastante imprudente para dejar que me convenciera de posar para ella unas cuantas veces, los resultados fueron espantosamente descarnados, espantosamente reveladores. En esa media docena de fotos en blanco y negro de cabeza y torso que me sacó -y sacó es la palabra-, me vi más crudamente al descubierto de lo que habría estado en un estudio de cuerpo entero sin nada encima".
El mar
(fragmento) John Banville