sábado, 31 de agosto de 2019

di_versos


Siempre lejano,
en las noches -sin tregua-
me llama el bosque.

sábado, 10 de agosto de 2019

Textos "breves como fotos"_51

Durante todo el tiempo que recuerda ha sido incapaz de estar seguro de una cosa. De varias, claro; pero sobre todo de una: no está seguro de mostrarse igual ante diferentes personas. Cree ser varios, incluso con sus mejores amigos. No es que represente un papel. No es que se coloque una máscara o un disfraz. No se protege. Cree que en cierto modo es la adopción del otro. Pero, sobre todo, es la duda.

sábado, 20 de julio de 2019

Biblioteca de instantáneas_25

Era jugador de fútbol. Jugando para la selección nacional de Cuba, un pelotazo lo tumbó.

Parecía muerto. Tiempo después, despertó en el hospital. Estaba vivo. Estaba ciego.


Ahora, Hiladio Sánchez es fotógrafo. Cámara en mano, ejerce sus artes de manosanta de la imagen. Elige el tema que mejor le suena, mide la distancia caminando y ajusta el diafragma según la intensidad del calor. Y cuando todo está listo, dispara.


Hiladio fotografía la luz del sol, que guía los pasos de las horas y de la gente.


No fotografía la luz de la luna. Cada noche, esos dedos helados le tocan la cara. Y el ciego se hace el sordo
".
El fotógrafo
(pequeño relato completo) Eduardo Galeano

sábado, 29 de junio de 2019

di_versos


Teme el gavilán su propia sombra
sobre los suelos lisos como mapas.
Las tierras agrietadas, las marismas
sedientas y los huecos en los bosques.

Teme el lirio silvestre la mirada
que corta. Las fronteras aceradas
y los paraguas negros. Los caminos
trazados por los hombres de amarillo.

Teme la piedra noches de helada
que la rompan por dentro. Ser testigo
o ser bala en batallas infinitas.
Los futuros de arena y escombrera.

Temor siente el poeta, cuando escribe,
de sus propias palabras. O del eco
que murmura detrás de los poemas,
velados y profundos como simas.

Y a mí, amor, me asusta todo el miedo.
Pero, como te tuve desde siempre,
                   no temo al desamor.


sábado, 8 de junio de 2019

Intuiciones_32

Todos sabemos que el pasado es irrepetible -para lo bueno y para lo malo-; es algo que no se contradice con el disfrute de los recuerdos. Por eso resulta tan desagradable verlo escrito. No es necesario.

sábado, 18 de mayo de 2019

Pequeños relatos (del día a día)


Bajamos del coche aparcado en la cuneta y cruzamos la calzada. La humedad y el frío forman pequeñas nubes al ritmo de nuestras respiraciones. El matorral nos llega hasta la cintura y, entre todas las hierbas, destaca el romero por su olor. Las jaras manchan nuestros pantalones, pero solo yo me quejo. Tú, que caminas por delante, te detienes y enciendes un cigarrillo. Esa nube se hace enorme. La compartimos sin mirarnos, observando el horizonte montañoso, en un silencio subrayado por el rumor del agua en el arroyo. Eres una mujer condicionada por algunos miedos instintivos ‒al dolor, a la pobreza, y, especialmente, al olvido y la demencia‒, pero aquí estás a gusto. La compañía representa para ti cierta seguridad olvidada y el sentimiento de encontrarte a salvo. Incluso este paisaje ‒bellísimo‒ sería temible en soledad.

Cuando acordamos separarnos fue muy complicado convivir con la nostalgia. Seguramente también lo fuese para ti. Pero es que yo —a mi manera—, me propuse expresamente no olvidarte de una forma programada y sistemática. Ya me conoces. Me habías convencido, y aceptaba nuestra decisión plenamente. Tal y como habíamos hablado, eso sería lo mejor para ambos, pero jamás pensé en ninguna forma de borrado. Más bien en todo lo contrario. Por eso, a menudo repasaba nuestras fotografías, algunos mensajes que habíamos intercambiado y aquellos objetos que conservaba de ti. Incluso me propuse visitar nuevamente los lugares en los que habíamos estado. Uno por uno —ahora en soledad—, para convivir con todos los recuerdos que surgiesen y aceptarlos como tales. Como bellos fragmentos de un pasado que me pertenece. Ya solo a mí.
 

sábado, 27 de abril de 2019

Biblioteca de instantáneas_24

El señor McKee era un hombre pálido y afeminado, que vivía en el piso de abajo. Se veía que acababa de afeitarse porque tenía una mancha blanca de crema en la mejilla, y saludó a todo el mundo con el mayor respeto. Me informó que pertenecía al 'mundillo del arte'; más tarde colegí que era fotógrafo, y autor de la borrosa ampliación de la madre de la señora Wilson que pendía como un ectoplasma en el muro. Su mujer era chillona, lánguida, bonita y horrible. Me contó orgullosa que su esposo la había fotografiado ciento veintisiete veces desde que se habían casado".
El Gran Gatsby
(fragmento) Francis Scott Fitzgerald

sábado, 6 de abril de 2019

di_versos


En la ventana más pequeña y clara
de una noche poblada de luciérnagas,
ha surgido una estatua a medio hacer
de bronce y juventud atormentada.

Sombras, en el cristal de su mirada,
crujen como el azul duro y lorquiano
de mis huecos. Respiro  incertidumbre,
como la suya. Toco el desamparo,
en sus manos desnudas de abalorios,
tembloroso y helado como el mío.

Duelen los huecos.
                   Largos cabellos
para cubrir el pecho de su amada.

Su tiempo, saturado de futuros,
convive con orquídeas y paredes
agrietadas. Los cálidos refugios
revientan de quimeras y presagios.
Susurra un mar lejano, iluminado
por el brillo cansado de un ocaso.

Duelen las grietas.
                    Largos cabellos
para cubrir el vientre de su amada.

No quiero despertarme. Veo lunas
que permanecen juntas en las noches
(hasta que sale el sol). Ríos unidos
en un cauce. Montañas que se abrazan
a sus valles. Silencios y gemidos.
No es raro su paisaje a mi mirada.

Duelen las noches.
                   Largos cabellos
para cubrir el sueño de su amada.

Que su metal se funda con estrellas,
yo lo celebro. Son ya de cenizas
y chispas mi pasión y los poemas.
De cálidos rescoldos al relente.




sábado, 16 de marzo de 2019

Textos "breves como fotos"_50


Tras caminar durante más de dos horas, llega a la orilla del arroyo y se detiene un instante a contemplarlo. Enciende un cigarrillo. Y, con movimientos muy lentos, se sienta sobre una piedra prominente, cubierta de musgo y líquenes. La humedad le mancha los pantalones y los traspasa. Nota el frío y, en ese momento, suena su teléfono móvil. Se sorprende porque pensaba que no habría cobertura. No dice nada. Solo escucha y, finalmente, cuelga con un gesto contrariado. Se toca la cara incrédulo. Repasa el sueño que ha tenido esta misma noche. Lo recordaba perfectamente al despertarse y no puede creer que se esté repitiendo punto por punto. Sin desviación alguna.

sábado, 23 de febrero de 2019

Intuiciones_31

No creo que casa y hogar sean sinónimos. Una casa debe ser un espacio habitable de calidad, y de ello es responsable la arquitectura. Pero un hogar la supera. Es, más bien, la relación creada entre varios espacios dentro de la casa— al ser habitados. Y de ello es responsable quien la habita... junto al amor.

sábado, 2 de febrero de 2019

Biblioteca de instantáneas_23

“Una tarde de febrero, apenas iniciada la temporada de béisbol de los comanches, observé un detalle nuevo en el autobús del Jefe. Encima del espejo retrovisor, sobre el parabrisas, había una foto pequeña, enmarcada, de una chica con toga y birrete académicos. Me pareció que la foto de una chica desentonaba con la exclusiva decoración para hombres del autobús y, sin titubear, le pregunté al Jefe quién era. Al principio fue evasivo, pero al final reconoció que era una muchacha. Le pregunté cómo se llamaba. Su contestación, todavía un poco reticente, fue "Mary Hudson". Le pregunté si trabajaba en el cine o en alguna cosa así. Me dijo que no, que iba al Wellesley College. Agregó, tras larga reflexión, que el Wellesley era una universidad de alta categoría. Le pregunté, entonces, por qué tenía su foto en el autobús. Encogió levemente los hombros, lo bastante como para sugerir —me pareció— que la foto había sido más o menos impuesta por otros. Durante las dos semanas siguientes, la foto —le hubiera sido impuesta al Jefe por la fuerza o no— continuó sobre el parabrisas. No desapareció con los paquetes vacíos de chicles ni con los palitos de caramelos. Pero los comanches nos fuimos acostumbrando a ella. Fue adquiriendo gradualmente la personalidad poco inquietante de un velocímetro".
Nueve cuentos. El hombre que ríe
(fragmento) Jerome David Salinger

sábado, 12 de enero de 2019

di_versos


Nada de lo que rima con tu nombre
me sobrecoge ya. Nada me abisma.
Nada me abraza.

                Solo,
                      te recuerdo
al calor de otra noche sin paredes.


(antes de amanecer)

Oiré rumores. Ecos de paisajes
sin música, lejanos y marchitos.
Y oleré sombras. Dentro de una caja
forrada de perfumes muy gastados.


Preguntaré a mis manos por tu pelo
rizado, mientras hacen un dibujo
-negro y violeta- sobre los espejos
manchados de recuerdos imborrables.


Buscaré en mi boca ácidos sabores
-restos dulces, amargos o salados;
todos los que prendiste de tus besos-
mas solo hallaré posos de tristeza.


Y sólo podrá verte mi memoria.

(mientras sueñas crecer)


sábado, 22 de diciembre de 2018

Textos "breves como fotos"_49

Las paredes de la habitación están llenas de láminas enmarcadas —dibujos y fotografías, sobre todo— recordando un viejo studiolo. Desnudo, en su centro geométrico, el autor escruta los minúsculos detalles de esas texturas tan diferentes, despreciando las figuras representadas. Trazos de grafito y de carbón, campos de color aguados y matéricos. Manchas. Granos de plata. Tramas infinitesimales de tinta proyectada. Un caleidoscopio enorme, con el que se deleita hasta escuchar los ecos de su propio interior.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Intuiciones_30

No logré lo que quería, así que ahora busco algo mejor.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Biblioteca de instantáneas_22

“Malta Kanoo abrió de nuevo el cierre del bolso y sacó un sobre blanco. Dentro había una fotografía. Me la entregó. «Es una fotografía de mi hermana pequeña», dijo. En la fotografía en color aparecían dos mujeres. Una era Malta, que también en la foto llevaba sombrero. Un sombrero amarillo de punto. También aquel sombrero desentonaba de manera desafortunada con la indumentaria. La hermana menor —cabía suponer que lo era, por lo que me había dicho— llevaba un traje de color pastel con sombrero a juego, de aquellos que estaban de moda a principios de los sesenta. Si no me equivoco, a esos colores los llamaban entonces «tonos sorbete». «Deben de gustarles mucho los sombreros a ambas», deduje. El peinado era muy parecido al que llevaba la primera dama de EE.UU. de la época, Jacqueline Kennedy. Y podía aventurarse que usaba laca a profusión. Iba muy maquillada, pero debajo se adivinaban unas facciones hermosas. La edad oscilaría entre los veinte y los veinticinco años. Después de mirarla unos instantes, devolví la fotografía a Malta Kanoo. Ella la puso de nuevo dentro del sobre, metió el sobre en el bolso y lo cerró.

—Mi hermana es cinco años menor que yo —explicó Malta Kanoo—. Ha sido ultrajada por el señor Noboru Wataya. Brutalmente violada".
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo
(fragmento) Haruki Murakami

sábado, 20 de octubre de 2018

di_versos


Nunca he visto atacar naves en llamas
más allá de Orión. Rayos C brillando
tampoco; ni la Puerta de Tannhäuser.
Pero he visto otras cosas increíbles.

He visto el mismo ocaso reflejado
sobre las dos pupilas de tus ojos.
Y dos soles, dormidos en tus párpados,
soñando con los sueños del futuro.

He visto amanecer sobre tus pechos
fundidos con las dunas del desierto.
Y reventar los púrpuras y negros
más oscuros, en luz de la mañana.

He visto desangrarse los azules
en la sombra salvaje de una bestia,
mitad miedo y mitad pasión ardiendo.
Las únicas esencias que engendramos.

Y hoy veo caer, en el abismo
profundo de una sima, la belleza
y el dolor compartidos. Los silencios.
Y una lluvia de estrellas apagadas.

Pronto, cuando se borre mi memoria,
todos esos momentos morirán
en el Tiempo.
              De un modo irremediable.

Lágrimas en la lluvia.
                       Disueltas en la nada.


sábado, 29 de septiembre de 2018

Intuiciones_29

Por su excesiva carga semántica, no me gustan las palabras que suelen usarse para denominar al responsable de obras como las que yo hago en el ámbito creativo. Desearía que ”hacedor” fuese un término mucho más corriente en nuestros vocabularios, pero no lo es. Así que me quedo con “autor”, que es muy sencilla —casi modesta, hoy día— y no se identifica con ninguna disciplina concreta.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Textos "breves como fotos"_48

Mucha gente piensa que es un inmoral. Que su comportamiento es execrable. Él, por su parte, comprende y acepta esa forma de pensar mientras la presión ejercida no le afecte demasiado... mientras la hipocresía reinante le deje vivir su vida. Cierto nihilismo le resulta atractivo, pero conserva unas pocas reglas que cumple rigurosamente. Y, cuando son violadas, se resiente del daño infligido como un ser muy sensible a pesar de su corteza.

sábado, 18 de agosto de 2018

Biblioteca de instantáneas_21

“Aquel atardecer escuchábamos la radio y la noche nos cayó encima de improviso. Entramos en casa de Gino. Las paredes del salón eran una auténtica galería de retratos de animales. Su padre era un apasionado de la fotografía. Los fines de semana partía, sombrero-camiseta-bermudas-sandalias-calcetines, hacia el parque nacional de Ruvubu de safari fotográfico. Después revelaba los negativos encerrado en su cuarto de baño. La casa apestaba a consulta de dentista; las emanaciones de los productos químicos que utilizaba en su laboratorio fotográfico se mezclaban con el agua de colonia con la que el hombre se rociaba en abundancia. Su padre era un espectro. Nunca se lo veía, pero uno adivinaba su presencia gracias a aquel olor a letrinas con lejía que tenía pegado a la piel y por el ruido de la máquina de escribir en la que llevaba una vida aporreando sus clases y sus libros políticos. Al padre de Gino le gustaban el orden y la limpieza".
Pequeño país
(fragmento) Gaël Faye

sábado, 28 de julio de 2018

di_versos


Todos los agujeros de esta noche
tan oscura, sin luna ni luceros,
se han abierto de golpe a los recuerdos.
Hasta que vence el negro y los despoja
del manto de colores que tenían.

Un miedo, desprendido del futuro,
empapa mi pasado y lo emborrona
con preguntas. Harapos, desflecados
por un viento tenaz, los estandartes
de otro tiempo. Banderas derrotadas
por la brutal rutina y la costumbre.

Acartonados, tiemblan los embozos
de las sábanas gélidas. Mortajas
de un cuerpo inhabitable. Sin paredes,
la habitación vacía se derrama
sobre el suelo vacío de la nada,
sin que remita el ansia de tenerte.

El negro de la noche, como un magma,
esparce por mis huecos su secreto
lacerante. Colmado de dolor,
me desgarro en un trueno amordazado
e invisible que nadie escuchará.

Que solo podrá verse,
                      escrito aquí.


sábado, 7 de julio de 2018

Intuiciones_28

La metáfora del cuaderno, como espacio inabarcable y vacío que hay que habitar, empieza a estar un poco gastada cuando quizás haya más en blanco que usados. Todos los que se encuentran abandonados en oscuros cajones deberían lucir sus lomos hinchados, junto a los otros recuerdos queridos.

sábado, 16 de junio de 2018

Pequeños relatos (del día a día)


Está tan orgullosa de su nuevo emplazamiento que quiere hacer un rápido recuento, mientras toma algo de aire para reducir las pulsaciones. No es capaz de recordar cuántos ciclos de sol lleva superándose a sí misma. Más de cien ciclos de luna. Seguramente ocho ciclos de calor y sequía; sin contar el que ya está a punto de empezar, que será el noveno. Mucho tiempo sin duda. Quizás demasiado para su juventud. Pero ahora GFS está aquí –satisfecha, orgullosa–, sentada en lo más alto del acantilado y pensando en sus cosas con todas las capacidades de su cerebro, aún más excitado que de costumbre por la propia adrenalina del esfuerzo.

La vía piramidal –en la parte posterior de su lóbulo frontal–, que ha transmitido cada uno de los estímulos necesarios para llevar su cuerpo hasta este punto, ha dejado de canalizar impulsos atropellados a sus músculos. Y estos empiezan a relajarse aunque aparenten vida propia todavía.
En las redes neuronales de su hemisferio derecho se moldea el deseo de un nuevo trabajo, excitadas por el apetito de cambio que brota de otras situadas en el izquierdo. Su curiosidad se aburre, aunque no hace mucho rebosaba entusiasmo de principiante. Piensa en sus padres, a los que debería ir diciendo “hasta pronto” para establecerse definitivamente fuera de ese hogar al que tanto apego tiene. Y en su pareja, con quien aún debe encajar algunas de las aristas más resistentes para enterrar ciertos olvidos recientes. Y en algunas amistades también, queridas y cercanas a pesar de lo celosa de su espacio que siempre se muestra.

En ese mismo instante, el cortex sensorial procesa toda la información enviada por su sentido del tacto. Destacando el cosquilleo de los millones de granos de arena adheridos a su cuerpo, que comienzan a despegarse acariciando levemente su piel tostada y sedosa. El lóbulo occipital gestiona la luz anaranjada, cada vez más rojiza, desprendida por el ocaso de un sol cansado, que parece haberse detenido solo para que ella pueda seguir disfrutando, antes de convertirlo en un viejo registro visual guardado en algún rincón perdido de su memoria. Esa que a la vez confronta todas las melodías –lejanas y desconocidas, combinadas por el eco en sus oídos– para evocar el más bello cántico de sus antepasados.

Disfruta los olores y sabores de la cálida brisa, consumiendo ávidamente esa humedad salada de la que no puede prescindir. Los aromas misteriosos del bosque –a su espalda–, mezclados con los más familiares que lanza el mar sobre la orilla, se comparan con los registros ya archivados en alguna parte del hipocampo, dando paso a diversas sensaciones cruzadas de placer y curiosidad que destruyen cualquier indicio de rechazo.

Y mientras tanto, en alguna zona aún más recóndita de su cerebro, sueña.


Abrazada a sus pechos para protegerlos de la sequedad. Con los ojos entornados, para concentrarse y no perderse todo lo que está sucediendo a la vez, deja volar su imaginación y combina todo lo que ya lleva visto –en sus pocos ciclos de vida– con aquello que sus miedos y deseos quieren aportar. Dividida entre dos mundos tan opuestos, que los sueños unen, fantasea con profundidades marinas inalcanzables y confines muy lejanos de la tierra ignota.


Hasta que se siente atrapada en su propio cuerpo. Como siempre.


Entonces, GFS hace vibrar su cola para limpiar de arena sus escamas. Y se dispone el ánimo para volver al agua.


sábado, 26 de mayo de 2018

di_versos


Detrás de "sin embargo, es indeleble"
-en la página ciento uno de un libro
de Roberto Bolaño- me sorprende
un antiguo retrato, como el eco
lejano. Como luz amortiguada
de una estrella distante.

Caracteres y símbolos impresos
que leo por debajo del silencio.
Lugares y paisajes superpuestos
en los bordes vacíos del papel.
Figuras invisibles, estampadas
en penumbras de sueño.

Y tu fotografía, de repente,
con el tono amarillo de un recuerdo
olvidado. Color en blanco y negro.
Síntesis de memorias compartidas
o el rastro solitario de un naufragio,
varado entre rompientes.

Instantáneo registro
            para siempre imborrable.


sábado, 5 de mayo de 2018

Biblioteca de instantáneas_20

“La última carta que ella le escribió fue firme y estoica, y cierta visión de sí misma como heroína de la tragedia del amor la acompañó por todo el país mientras acarreaba las maletas con los modelos de muestra escaleras arriba y abajo de los pequeños hoteles y hablaba de los estilos de París y decía que sus sombreros eran fascinantes y bebía un solitario vaso de vino. Pero si hubiera tenido a alguien a quien contárselo, se hubiera reído sólo de pensarlo. Hubiera dicho que el amor era una trampa, una ilusión, y eso era lo que creía. Pero ante la perspectiva seguía sintiendo un silenciamiento, una conmoción de los nervios, un doblegamiento del juicio, una absoluta postración.

Se hizo una fotografía. Sabía cómo quería que fuese. Le hubiera gustado ponerse una sencilla blusa blanca, una blusa fruncida de campesina con el cordón abierto en el cuello. No tenía una prenda de tales características y en realidad sólo la había visto en fotografía. Y también le hubiera gustado dejarse el pelo suelto; o si tenía que recogérselo, le hubiera gustado hacerse un moño rodeado de sartas de perlas.


En lugar de eso, se puso su blusa de seda azul y se recogió el pelo como de costumbre. Pensó que en la fotografía parecía muy pálida, con los ojos hundidos. Tenía una expresión más severa y fatídica de lo que hubiera deseado. De todos modos, la envió".
Secreto a voces. Entusiasmo
(fragmento) Alice Munro