sábado, 17 de diciembre de 2016

Biblioteca de instantáneas_14

Así fue como empezó todo. Entre aquella serie de noches pasadas en la terraza y el día en que la fotografía de Luzhin apareció en una revista de San Petersburgo, se diría que no había ocurrido nada, ni el otoño en el campo con su eterna llovizna, ni el viaje de regreso a la ciudad, ni la vuelta a la escuela. La fotografía se publicó un día de octubre poco después de su primera e inolvidable actuación en un club de ajedrez. Y todo lo que ocurrió entre el regreso a la ciudad y la fotografía (dos meses tan sólo) estaba tan desdibujado y tan mezclado, que más tarde, al recordar aquella época, Luzhin era incapaz de decir cuándo, por ejemplo, se celebró una fiesta en la escuela en el transcurso de la cual, oculto en un rincón, inadvertido casi por sus condiscípulos, había derrotado al profesor de geografía, un conocido aficionado, o cuándo fue invitado a cenar en su casa un judío de pelo gris, un genio senil del ajedrez, quien había resultado victorioso en todas las ciudades del mundo donde jugó, pero que, para entonces, vivía en la ociosidad y la miseria, casi ciego, enfermo del corazón, habiendo perdido para siempre el fuego, la habilidad y la suerte... Sin embargo, había algo que Luzhin recordaba con toda claridad, el temor que le acometió en la escuela de que los demás llegaran a enterarse de su don y le ridiculizaran, y, en consecuencia, guiado por ese recuerdo infalible, juzgaba que después de la fiesta en que contendió con el profesor de geografía ya no volvió a la escuela, porque al rememorar los sufrimientos de su infancia no le venía a la memoria la horrible sensación que habría experimentado al entrar a la mañana siguiente en la sala de clases y enfrentarse a todas aquellas miradas inquisitivas y sabedoras de su secreto".
La defensa
(fragmento) Vladimir Nabokov