sábado, 7 de octubre de 2017

di_versos


Suena el murmullo turbio de la luz
al encenderse el día lentamente.
Los cárdenos crujidos de la piel
que la noche se arranca al deslizarse
en pos de otra mañana inevitable.

Agujeros de luz en las persianas,
sombras en las paredes y pisadas
sobre el techo. Distantes y cansadas,
nativas de un país desconocido
habitado por nómadas y sueños.

Y mientras, se desangra la aurora,
tan fugaz, en silencios azulados
y violetas, granates y amarillos.