sábado, 28 de marzo de 2020

Bibliografía ocasional_01

La última cena de Leonardo, en Milán, no ha mejorado con el tiempo, todo lo contrario. Las fotografías, cuando se ajan, ensucian, manchan, resquebrajan y palidecen, conservan un buen aspecto; a menudo mejoran. (En este, como en otros aspectos, el  arte al que en efecto se asemeja la fotografía es a la arquitectura, cuyas obras están sometidas a la misma e inexorable promoción con el paso del tiempo; muchos edificios, y no sólo el Partenón, quizás lucen mejor como ruinas.) Lo que es cierto de las fotografías es cierto del mundo visto fotográficamente. La fotografía transforma la belleza de las ruinas, hallazgo de los literatos del siglo XVIll, en un gusto genuinamente popular. Y extiende esa belleza más allá de las ruinas de los románticos, como esas lánguidas formas de la decrepitud fotografiadas por Laughlin, a las ruinas de los modernos: la realidad misma. El fotógrafo está comprometido, quiéralo o no, en la empresa de volver antigua la realidad, y las fotografías mismas son antigüedades instantáneas. El fotógrafo ofrece una contrapartida moderna de ese género arquitectónico y romántico por antonomasia, la ruina artificial: la ruina creada para ahondar las características históricas de un paisaje, para que la naturaleza sea sugestiva; sugestiva del pasado".
Sobre la fotografía
(fragmento) Susan Sontag