Biblioteca de instantáneas_45

“Pero ni Garduño ni ella consiguen que ningún galerista se decida a colgar fotos de desnudos en sus paredes: una cosa son las revistas de variedades y otra muy distinta el arte, amigo mío, nada que hacer. Garduño tampoco pone mucho empeño: su negocio es otro, la gente va a seguir casándose, querrá seguir bautizando a sus hijos, harán la primera comunión y allí estará él para cazar el instante. Se ríe él de los fotógrafos artistas: el único fotógrafo del que todo el mundo tiene una foto es él, unos haciendo la comunión, otros posando después del altar, alguno recibiendo el chorro de agua del cura. En cuanto a Nahui, bueno, no ha llegado tan lejos como deseaba, pero fotografiar es una manera de poseer, por algo se llama toma, y si hay alguien que ha tomado a la deseada Nahui es él, ya pueden ir jodiéndose los artistas y los poetas. Pero a Nahui no, no le da igual el rechazo, no quiere dejar de insistir, y cuando se da cuenta de que no va a conseguir que ningún galerista cuelgue las fotos de su primera exposición decide, gracias a una ocurrencia que en principio quería ser apenas un chiste pero que se agiganta hasta arrastrarse a la realidad, hacer la exposición allí, en su propia casa, en su azotea, ¿por qué no?, abrirá ella misma la puerta a quien llame, pase, pase, aquí está la exposición, tómese su tiempo, si necesita ayuda no tiene más que preguntar, yo le explico”.

Totalidad sexual del cosmos
(fragmento) Juan Bonilla

 

 

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