sábado, 5 de mayo de 2018

Biblioteca de instantáneas_20

“La última carta que ella le escribió fue firme y estoica, y cierta visión de sí misma como heroína de la tragedia del amor la acompañó por todo el país mientras acarreaba las maletas con los modelos de muestra escaleras arriba y abajo de los pequeños hoteles y hablaba de los estilos de París y decía que sus sombreros eran fascinantes y bebía un solitario vaso de vino. Pero si hubiera tenido a alguien a quien contárselo, se hubiera reído sólo de pensarlo. Hubiera dicho que el amor era una trampa, una ilusión, y eso era lo que creía. Pero ante la perspectiva seguía sintiendo un silenciamiento, una conmoción de los nervios, un doblegamiento del juicio, una absoluta postración.

Se hizo una fotografía. Sabía cómo quería que fuese. Le hubiera gustado ponerse una sencilla blusa blanca, una blusa fruncida de campesina con el cordón abierto en el cuello. No tenía una prenda de tales características y en realidad sólo la había visto en fotografía. Y también le hubiera gustado dejarse el pelo suelto; o si tenía que recogérselo, le hubiera gustado hacerse un moño rodeado de sartas de perlas.


En lugar de eso, se puso su blusa de seda azul y se recogió el pelo como de costumbre. Pensó que en la fotografía parecía muy pálida, con los ojos hundidos. Tenía una expresión más severa y fatídica de lo que hubiera deseado. De todos modos, la envió".
Secreto a voces. Entusiasmo
(fragmento) Alice Munro