sábado, 6 de febrero de 2021

Biblioteca de instantáneas_32

Luego encontró otras maravillas. Por ejemplo las fotos antiguas de su madre. Alguna vez la había sorprendido en la soledad del dormitorio, mirando como hipnotizada aquellas fotos, embobada en la contemplación y evocación de su infancia y de su primera juventud, y el pueblo donde nació y se crió y había sido feliz. Santa Marta se llamaba aquel lugar que, más que pueblo, era un caserío grande, al que no había vuelto desde entonces, y de todo lo cual sólo quedaban aquellos retratos, que guardaba en un sobre con los bordes de luto. A Dámaso le gustaba mirarlos, y algunos eran tan de otro tiempo que sólo podían ser de gente ya muerta, y esa certeza hacía aún más hermoso y dramático el testimonio de quienes habían vivido y logrado momentos plenos de felicidad. En algunas fotos, su madre joven, o su madre niña, aparecía riendo, y era extraño, porque él apenas la había visto reír. Y la foto que más le gustaba era una en la que posaban por lo menos veinte personas tocando instrumentos musicales, gente de todas las edades, algunos muy viejos, otros mozos, y otros, como su madre, todavía niños, vestidos con ropas campesinas de diarios, y se veía que por broma y por algún motivo excepcional, quizá la llegada de un merchante, habían interrumpido sus faenas para formar aquella especie d orquestina delante de unos chozos de bálago y retamas, y en primera fila estaba su madre haciendo que tocaba la flauta traversa. Una vez, mirando las fotos, a su madre le dio una risa que era casi un llanto, le salía como a empellones, hasta que lo reprimió y poquito a poco fue metiendo aquel ruido otra vez para adentro, y al final sólo quedó un hilito gutural que parecía una canción de cuna".

Hoy, Júpiter
(fragmento) Luis Landero